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18 de Mayo de 2017

¿Desayunas con diamantes?

Este año Audrey Hepburn hubiera cumplido 88 años. Y, a modo de homenaje a una de las divas del celuloide, he querido recordar uno de sus clásicos inmortales: ‘Desayuno con diamantes’.

¿Hay mejor cuento sobre Cenicienta para adultos que el de “Desayuno con diamantes”? La película más emblemática e icónica de Audrey Hepburn es, en cualquier década, una joya de incalculable valor, diseñada para dejar volar la fantasía de todos cuantos la vean, y que nos relata cómo pasada la media noche el carruaje no se transforma en calabaza, sino en un triste coche del que salir para desayunar sola ante un escaparate de Tiffany´s.

Y, como añadido, cuenta con el mejor beso de la historia del celuloide (o, al menos, mi favorito): el protagonizado por Hepburn y Peppard bajo la lluvia (y con gato incluido).

La curiosidad: Audrey odiaba la pastelería danesa, por lo que rodar esta escena fue un infierno para ella

Más de medio siglo después de su estreno, este diamante obra de Blake Edwards no ha perdido ni un ápice de brillo. Si acaso, ha visto incrementar su valor de tasación hasta límites insospechados. ¿La razón de todo ello?: Holly Golightly. Ella, la auténtica gema de la artesanal joya, aporta luminosidad propia a una pieza tallada para goce y disfrute de nostálgicos de la melancolía y las fiestas de etiqueta.

La curiosidad: El carácter bisexual de Holly en la novela fue censurado en la película

Hepburn dotó a su personaje de un espíritu frágil y quebradizo, características que esconde tras una fría y soberbia pose de despreocupada y alegre call girl, a fin de intentar construir un personaje fiel al ideado por Truman Capote en su novela. Sin embargo, y como curiosidad, Capote siempre pensó que Marilyn Monroe era la única Holly posible, siendo Hepburn poco menos que la peor opción para el rol. Y razón no le falta, pues es innegable que Monroe hubiera dotado a Holly de un carisma y magnetismo mucho más irresistible al personaje.

La curiosidad: Tiffany´s abrió en domingo por primera vez desde el siglo XIX para rodar en su interior

No sé si por error o por ensoñación se acostumbra a tasar la obra en la categoría de romántica, y aunque es cierto que se narra un romance entre dos personas que deciden entregarse el uno al otro sin más requerimiento que el amor, también es cierto que “Desayuno con diamantes” es, sobre todo, la historia de dos seres necesitados de afecto. George Peppard representa brillantemente la antítesis de Holly, dispuesto a afrontar la vida sin máscaras y cargado de entusiasmo por vivir.

La curiosidad: ¿Peppard o McQueen? Problemas de agenda de este último le impidieron ser Paul

Otra de las grandes claves del filme es el sinfín de escenas para el recuerdo que nos regala. Sin embargo, dos momentos me cautivan sin remedio: el estiloso hurto de caretas, reflejo de la complicidad entre Holly y Paul, y la íntima escena en la que Hepburn canta “Moon River”, por ser una de las pocas en las que casi se puede percibir el alma desnuda de la pequeña Lullamae. Curiosamente, este instante musical tan recordado permaneció en el filme gracias a Hepburn, que tras un soberbio “por encima de mi cadáver”, frustró el deseo de los productores de eliminar dicha escena, por resultarles “insoportable” e “inapropiada”.

La curiosidad: El sofá de Holly era en verdad una bañera cortada por la mitad

Menos atención se debió prestar al montaje de las últimas escenas, donde es fácil encontrar varios errores de continuidad. Por ejemplo, cuando Holly está dentro del taxi con Paul, primero la vemos sentada a la derecha, y luego aparece instantáneamente a la izquierda, sin explicación lógica aparente.

La curiosidad: Hubo 9 gatos interpretando el mismo papel

Sin embargo, errores al margen, ¿puede negar alguien que el final de la obra es uno de los más intensamente emotivos e inolvidables de todos cuantos se han mostrado en pantalla grande? “Desayuno con diamantes” es una artesanal joya forjada en blanco y negro, e ideada para perdernos en el más frágil y delicado cuento de hadas, el protagonizado por Holly Golightly y su gato. Porque, ¿no son en realidad el mismo personaje?

 

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Por M. LAURA GUTIÉRREZ

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